VALOR, ESPERANZA, FE, SIMPATÍA, AMOR, UN ESPÍRITU SATISFECHO Y ALEGRE

El valor, la esperanza, la fe, la simpatía y el amor fomentan la salud y alargan la vida.  Un espíritu satisfecho y alegre es como salud para el cuerpo y fuerza para el alma. “El corazón alegre es una buena medicina” (Proverbios 17: 22, V. M.).

En el tratamiento de los enfermos no debe pasarse por alto el efecto de la influencia ejercida por la mente.  Aprovechada debidamente, esta influencia resulta uno de los agentes más eficaces para combatir la enfermedad.

Influencia de una mente sobre otra

Sin embargo, hay una forma de curación mental que es uno de los agentes más eficaces para el mal.  Por medio de esta supuesta ciencia, una mente se sujeta a la influencia directiva de otra, de tal manera que la individualidad de la más débil queda sumergida en la de la más fuerte. Una  persona pone en acción la voluntad de otra.  Sostiénese que así el curso de los pensamientos puede modificarse, que se pueden transmitir impulsos saludables y que es posible capacitar a los pacientes para resistir y vencer la enfermedad.

Este método de curación ha sido empleado por personas que desconocían su verdadera naturaleza y tendencia, y que lo creían útil al enfermo.  Pero la así llamada ciencia está fundada en principios falsos.  Es ajena a la naturaleza y al espíritu de Cristo. No conduce hacia Aquel que es vida y salvación.  El que atrae a las mentes hacia sí las induce a separarse de la verdadera Fuente de su fuerza.

No es propósito de Dios que ser humano alguno someta su mente y su voluntad al gobierno de otro para llegar a ser instrumento pasivo en sus manos.  Nadie debe sumergir su individualidad en la de otro.  Nadie debe considerar a ser humano alguno como fuente de curación.  Sólo debe depender de Dios.  En su dignidad varonil, concedida por Dios, debe dejarse dirigir por Dios mismo, y no por entidad humana alguna.

Dios quiere poner a los hombres en relación directa consigo mismo.  En todo su trato con los seres humanos reconoce el principio de la responsabilidad personal.  Procura fomentar el sentimiento de dependencia personal, y hacer sentir la necesidad de la dirección personal.  Desea asociar lo humano con lo divino, para que los hombres se transformen en la imagen divina.  Satanás procura frustrar este propósito, y se esfuerza en alentar a los hombres a depender de los hombres.  Cuando las mentes se desvían de Dios, el tentador puede someterlas a su gobierno, y dominar a la humanidad.

La teoría del gobierno de una mente por otra fue ideada por Satanás, para intervenir como artífice principal y colocar la filosofía humana en el lugar que debería ocupar la filosofía divina.  De todos los errores aceptados entre los  profesos cristianos, ninguno constituye un engaño más peligroso ni más eficaz para apartar al hombre de Dios.  Por muy inofensivo que parezca, si se aplica a los pacientes, tiende a destruirlos y no a restaurarlos.  Abre una puerta por donde Satanás entrará a tomar posesión tanto de la mente sometida a la dirección de otra mente como de la que se arroga esta dirección.

Temible es el poder que así se da a hombres y mujeres mal intencionados. ¡Cuántas oportunidades proporciona a los que viven explotando la flaqueza o las locuras ajenas! ¡Cuántos hay que, merced al dominio que ejercen sobre sus mentes débiles o enfermizas, encuentran medios para satisfacer sus pasiones licenciosas o su avaricia!

En algo mejor podemos ocuparnos que en dominar la humanidad por la humanidad.  El médico debe educar a la gente para que desvíe sus miradas de lo humano y las dirija hacia lo divino.  En vez de enseñar a los enfermos a depender de seres humanos para la curación del alma y cuerpo, debe encaminarlos hacia Aquel que puede salvar eternamente a cuantos acudan a él.  El que creó la mente del hombre sabe lo que esta mente necesita. Dios es el único que puede sanar.  Aquellos cuyas mentes y cuerpos están enfermos han de ver en Cristo al restaurador. “Porque yo vivo, ­dice­  vosotros también viviréis” (Juan 14: 19).  Esta es la vida que debemos ofrecer a los enfermos, diciéndoles que si creen en Cristo como el restaurador, si cooperan con él, obedeciendo las leyes de él, les impartirá su vida.  Al presentarles así al Cristo, les comunicamos un poder, una fuerza valiosa, procedente de lo alto.  Esta es la verdadera ciencia de curar el cuerpo y el alma.

Se necesita mucha sabiduría para tratar las enfermedades causadas por la mente.  Un corazón dolorido y enfermo, un espíritu desalentado, necesitan un tratamiento benigno.  A veces una honda pena doméstica roe como un cáncer hasta el alma y debilita la fuerza vital.  En otros casos el remordimiento por el pecado mina la constitución y desequilibra la mente.  La tierna simpatía puede aliviar a esta clase de enfermos.  El médico debe primero ganarse su confianza, y después inducirlos a mirar hacia el gran Médico.  Si se puede encauzar la fe de estos enfermos hacia el verdadero Médico, y ellos pueden confiar en que él se encargó de su caso, esto les aliviará la mente, y muchas veces dará salud al cuerpo. (MC 185-188)

Related posts:

CANTAR ALABANZAS!!! INTERESARSE EN LOS DEMÁS!!!!
LA MEJOR MEDICINA: EL AMOR
¿Cuáles son los 8 remedios naturales y para qué sirven?

Dejanos tu Comentario